(No soy la única con agujetas)Las Delicias de Asaltacunismo
Fue en la consulta del alergólogo en la que me enteré de lo del fenómeno cougar. Cougar quiere decir felino, y es el término que se aplica a las maduras que se lían a niñatos a los que les doblan la edad. Madonna y Jesús Luz, Demi Moore y Asley Kurschner, Sharon Stone y Chase Dreyfus, Ana Obregón y Darek, Kylie Minogue y Andrés Velencoseo...La lista es larguísima. La revista reproducía un mito que hemos escuchado mil veces, y que viene a decir que el culmen de la capacidad sexual de un hombre está en los veinte años, mientras que la mujer no alcanza su cénit sexual hasta los cuarenta, de forma que la pareja cuarentona-niñato viene a ser "a match made in heaven", que dirían los ingleses.
Es curioso. He tecleado en google la frase "vida sexual a partir de los cuarenta". Si lo hacen ustedes, comprobarán que la mayoría de los artículos que aparecen se refieren a la disfunción eréctil. Se da pues por hecho que a partir de los cuarenta es la vida sexual masculina la que empieza a descender en picado por la cuesta de la edad. Nosotras, sobre cuyas cabezas no se cierne la espada de Damocles de la andropenia (en cristiano, pitopausia), ya nos podemos poner como locas a buscar niñatos si queremos seguir conociendo un gozo ¡grande!, como cantábamos en el colegio.
El presente artículo tiene por objeto desmontar el mito. No sólo porque he conocido, en el sentido bíblico de la palabra, al menos un cuarentón capaz de mantenerme en vilo toda la noche, sino porque sé, por experiencia propia, que a los cuarenta una no resiste la marcha sexual que tuvo a los veinte. No os engañéis queridas, y no os dejéis arrastrar por los promisorios cantos de sirena del Cosmopolitan. Ni todo el monte es orégano, ni todo lo que reluce es oro, ni toda cuarentona es una fiera sexual.
Heme aquí. 42 años. No fumadora, consumidora ocasional de alcohol, complexión atlética, vida muy activa en todos los sentidos. A los veinte años podía pasarme la noche entera haciendo el amor, irme a trabajar sin dormir y rendir excepcionalmente bien y, para colmo, con una sonrisa indeleble pintada en el rostro. A los 42 aún puedo hace el amor toda la noche, sí, sin problemas. Eso sí, cómo me siento al día siguiente es harina de otro costal.
A partir de los cuarenta se producen cambios en los tejidos activos de nuestros músculos, articulaciones y huesos. La flexibilidad y la resistencia se pierden. Esto es, una puede, si quiere, levantar el empeine casi a la altura de las orejas -con dificultad, pero puede-, usar los abductores y arquear la columna, como no. Pero las agujetas del día siguiente y la casi luxación de vértebra no se la quita nadie, a no ser que una de las dé de émula de Madonna y se pase el día entero en el gimnasio porque haya heredado una fortuna o pillado un marido rico y complaciente, lo cual no es mi caso, amén de que los gimnasdios me aburren soberanamente. Por no hablar del cansancio espeso y mineral que la tiene a una medio dormida todo el día y que hace que tareas tan simples como pasear al perro se conviertan en un tormento al lado del cual el de Sísifo parece un pasatiempo sin importancia.






